Uniques Poemas

Uniques Poemes

Pròleg 1

Pròleg 2

PRESENTACIÓN DE "UNIQUES Poemas"

 “Quiero que con nuestros recuerdos hagamos justicia a los muertos, quiero que sus mensajes no se olviden ni se falsifiquen. Nosotros, los que vivimos, tenemos que aprender de ellos.” Estas palabras de un escritor alemán nos pueden servir como ‘leitmotiv’ para la presentación del libro “UNIQUES Poemas” entendiendo “uniques” en el doble sentido de la palabra: De su autor, Josep Domènech y Avellanet, existen solo las 28 poesías reunidas en este libro pero, además, su contenido extraordinario y las circunstancias excepcionales en que fueron escritas, las hacen realmente únicas. Único también es la palabra que debemos aplicar al nacimiento de este libro y única es, finalmente, la actuación de su editora, Natalia.

Las 28 poesías llevan al lector a un tiempo y un espacio determinados -el período y el lugar en que fueron creados-, no obstante, mucha de ellas no han perdido su validez a pesar del tiempo transcurrido. El tiempo son los años inmediatamente posteriores a la Guerra Civil, los años difíciles de la represión, de la miseria, y el espacio es Barcelona, y en concreto la cárcel Modelo.

Ahí se encontraba Domènech afrontándose a sus opresores y rebelándose contra su destino. Aislado de su entorno habitual, amenazado con una pena brutal, sentía una necesidad especial de comunicarse. Además, en los regimenes fascistas y totalitarios, la cárcel y el campo de concentración no sólo sirven para recluir al enemigo; están ideados para eliminar al prisionero, antes de la aniquilación física muchas veces está la aniquilación psíquica y mental del preso para demostrarle así el control y el poder absoluto que el opresor ejerce sobre él y doblegar y humillar así aún más al preso. Poco o nada puede hacer el individuo para esquivar su aniquilación física y oponerse a este poder absoluto. Pero hará lo posible para mantener su integridad y su personalidad, para salvaguardar su dignidad humana y su autoestima, para que el alma no se sienta rendida. Lo que los carceleros no pueden dominar y controlar, es la vida interna, los pensamientos y sentimientos; ahí el preso puede crear un espacio libre, intocable e impenetrable que está protegido contra las agresiones y la violencia. Este espacio le permite dejarse llevar hacia las personas queridas, comunicar con ellas, llenar su existencia con ilusiones, imaginarse su futuro.

Doménech no sólo creó este espacio de ‘auto-comunicación’ interior que le dejó crear su propio mundo; tuvo un cartapacio y un lápiz que le hicieron posible plasmar en el papel sus pensamientos y sentimientos. La vocación que sentía por la escritura y su deseo de dedicarse a ella después de salir de la cárcel, le llevaron a expresar en el papel lo que le estaba pasando por la mente. Y así nació su legado, las 28 poesías. En ellas nos habla de lo que siente y ve y se imagina. Sus pensamientos pasan los muros, quieren ir lejos con el viento, quieren correr y volar hacia el mar, el río, el viejo puente. Y tal como él se dejó llevar más allá de los muros, nosotros, leyendo sus poesías, nos metemos en su celda, en el rinconcito de su cárcel, donde compartimos con él las tardes tristes y sin sol, las noches largas, los días interminables; vemos este trocito de cielo, la luna, las estrellas a través de las rejas; sentimos con él sus altibajos anímicos, sus alegrías y esperanza, su tristeza y desesperación … hasta aquel 26 de junio de 1942 cuando en el amanecer llegan los verdugos, cuando queda truncada este vida joven y con ella un sueño, una vida en común.

La presentación de este libro significa inevitablemente un homenaje, un homenaje a dos personas: por un lado, a Doménech “…, un dels molts als que no deixaran viure”; y, por otro lado, a Natalia, que fue su compañera en aquellos tiempos difíciles, su apoyo, su horizonte. Es la mujer que compartió con él este sueño breve y que junto a él había imaginado un futuro común.

Arrancaron cruelmente el ser querido a Natalia, pero esta herida profunda que la infligieron no pudo arrancar ni sus sentimientos ni su increíble fuerza, gracias a los cuales las huellas de Domènech no fueron borrados y sus poesías no cayeron en el olvido. Gracias a ella llegamos a conocer a una persona que no era un héroe, pero uno de los muchos “de abajo” que siempre tienen que pagar por lo que los “de arriba” hacen. Podemos aprender muchísimo de personas como Natalia y Doménech y los miles de anónimos que padecieron la misma suerte. Podemos aprender de esta perseverancia, que no era otra cosa que amor y fidelidad por una persona con la que había vivido meses de felicidad que ni los muros de la Modelo podía detener. La profunda herida que la infligieron, su insistencia y su amor contribuyeron a que su historia y la d’en Domènech se conociera finalmente y la pudiéramos leer ahora a través de estas poesías.

Doris Ensinger
Barcelona, diciembre 1996

 

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